#InstaNavidad

Mónica tenía la sensación de que algo faltó en su “Navidad”. Sus stories parecían casi profesionales; el novio de su madre siempre compraba algún champagne de marca. No era lo máximo pero ella sabía posicionar bien la etiqueta, jugar con la luz, combinarla con la comida de aspecto más apetecible y costoso, para que todo luzca como en el perfil de una influencer. 

Acababa de publicar algunas fotos que aún no había subido a stories, para, por supuesto, no perder el efecto wow en sus seguidores, pero no estaba teniendo el resultado deseado, los likes por minuto eran más bajos de lo normal. ¡Maldito algoritmo! Pensó.

Como siempre sucedía en casos similares, le asaltó la inseguridad, revisó los perfiles de otras mujeres que seguía: Kylie, Kendall, Hailey, Selena Gomez y otras de sus influencer de moda favoritas, ahora entendía por qué su post tenía poco engagement, vaya mierda de cuerpo, de vestido y de casa la suya. 

Deseó tener una vida perfecta, y en ese momento un resplandor de luz dorada entró por su ventana. Curiosa, pero precavida, se acercó al borde de la cama para observarlo mejor. 

Le pareció escuchar un villancico muy suave, como si la música viniera de dentro de ella. La luz se materializó en un rayo sobre el borde del sillón que tenía al pie de la cama y empezó a tomar forma, una forma decididamente humana. 

Ante ella apareció un duendecillo, con el cabello marrón y un cuerpo bastante normal, vestía un traje verde con botones dorados y un sombrero con un cascabel en la punta. Aunque absurdo, su cara le resultaba familiar. 

— Mónica, mi adorable jovencita, soy Jingle Jingle Mark, una proyección del dueño de Meta ACA Mark Zuckerberg el creador de tu red social favorita, Instagram.—

La joven abrió los ojos de par en par. ¿Habría escuchado este duende sus quejas sobre el algoritmo y venia a por ella? Ultimamente le parecía que el algoritmo podía incluso leer sus pensamientos, pero no quería dar rienda suelta a semejante paranoia. 

— Ho ho ho la — fue lo único que alcanzó a articular.

— Jovencita, estoy aquí para hacerte un regalo de Navidad de parte de Meta, quiero ofrecerte cambiar tu vida real por tu vida en Instagram durante 24 horas. —

Aquello sonó intrigante para Mónica.

— ¿A qué te refieres? — preguntó con los ojos aún más abiertos y serio interés. 

— Pues, sabemos que tu vida online es mucho más perfecta que la real. 

Fotos cuidadas donde enseñas los lugares más bonitos que viste, tus selectos outfit, maquillaje, piel editada, filtros, los amados filtros, capturas de vacaciones, restaurantes costosos, toda y cada una de tus citas, flores, regalos, incluso los tag que te hacen tus amigas en lugares cool en los que ni siquiera estás, o sus bolsos y gafas de marca que te prestan para la foto. También sé de alguno que otro vestido comprado, usado una vez con la etiqueta puesta, fotografiado y devuelto.

Todo eso, toda esa curada perfección puede ser real por un día.

Solo debes firmar este documento. —

En ese momento Jingle Jingle Mark materializó con la misma luz dorada una hoja A4 (vista desde la escala de Mónica) con un consentimiento escrito para hacer el intercambio de vidas, entre la real y la online por 24hrs. 

Mónica cogió el papel, no tenía letras chicas, llevaba el logo de Meta y la firma de Mark Zuckerberg asegurando la seguridad del intercambio, lo que ayudó a que su tiempo de decisión fuera bastante rápido y afirmativo. 

— Ok me interesa. ¿Cómo firmo?—

— Es touchless querida. — Respondió el duende. “Cierto” agregó Mónica mientras firmaba con su dedo en el lugar donde estaba indicado. —

En ese mismo momento también ella fue envuelta en luz dorada y tras un cosquilleo que recorrió su cuerpo sintió que se achicó, porque todo a su alrededor, de repente, pareció enorme y Jingle Jingle Mark se hizo más  grande.

Giraba diminuta dentro de un torbellino dorado que voló hasta su iPhone y entró en él. 

Un “golpe”, podría indicarse así, un “golpe” de la realidad, hizo que todo temblara, y se encontró en ese slider de fotos de Navidad subido unas horas atrás; la botella de Moe Chandon, el filtro que le hacía unos labios hermosos y ojos rasgados, hicieron que se sintiera preciosa, se tocó el rostro, era real, sin embargo estaba harta de ese post por su número de likes, que eran solo 70. 

“Vámonos de aquí” Pensó, mientras pasaba al post de al lado; un reel de momentos en Thailandia con sus amigas; que alegría que solo fueran los mejores momentos porque ese viaje había sido un caos, y que felicidad que le hubieran pasado los videos todas para crear ese reel per-fec-to que superó las 10k visualizaciones. Sintió la brisa del mar, pudo probar los sabores de los camarones con leche de coco, tuvo la cintura y el culo que siempre quiso porque su amiga le editó una foto con esas apps de pago, porque “las fotos en bikini siempre debían ser editadas”. 

Siguió el recorrido por su feed, en un post tenía un Bentley, en el que en realidad se había apoyado pero que hoy era suyo y una Louis Vuitton, propiedad de la mamá de Amy, como bien supo el duende. En el otro slider estaba en una fiesta en la cabina con el DJ, pasando la mejor noche de su vida, aunque se haya colado solo por un momento a un grupo de gente cool para la imagen, siguió deslizando de una foto a otra, de un recuerdo trastornado a otro, realizó esto por todos sus últimos post.

Por su obsesión a la perfección había archivado muchas de sus publicaciones que no le parecían a la altura, así que su actual versión online eran pocos y selectos post de solo glamour, alegría y diversión. 

Estuvo deslizando por esos mismos durante quién sabe cuánto tiempo, hasta que la novedad se volvió monótona y aburrida. Sí era esa chica divertida, carismática y sexy, de buen cuerpo, piel de porcelana, labios carnosos y pestañas largas pero no servía de nada. Empezó a maldecir al enano ¡vaya intercambio de mierda! 

Se encontraba en su foto de perfil, que era una de sus favoritas porque estaba en un resort en México, cuando se le ocurrió que quizás podría ir más allá de su feed, al fin y al cabo, la foto de perfil se “conecta” con la home donde están todos sus seguidores, el contenido que consume y que el algoritmo alimenta. 

Empezó a saltar, para ver si con su impacto podía “golpear” nuevamente la realidad, pero nada sucedió. Se sentó en la arena… podría nadar… pensó, pero ¿hacia dónde la llevaría el agua? Al fin y al cabo no dejaba de ser una fotografía. 

Lo que le gustaba de su foto de perfil eran sus senos, Amy, su mejor amiga, los había agrandado  con FaceTune, nadie podía enterarse porque la foto era pequeña, solo hacía que luciese mejor. 

Estaba observando sus hinchados senos, cuando notó un agujero en uno de ellos, un punto negro, una imperfección en la imagen. Puso la mano encima y sintió que botaba un poco de aire, acercó un dedo para ver si cabía, el agujero negro era más pequeño que su dedo, pero su curiosidad pudo más, al fin y al cabo nada de eso era real, seguía siendo solo una imagen.

Decidida, metió su dedo indice abriendo ligeramente el agujero y sintió que una fuerte presión lo absorbía, alargó más el orifico girando el dedo y cuando lo sacó, su cuerpo editado se dobló y fue succionado por el agujero negro de un sopetón.

Flotó en un denso espacio, moviendo su cuerpo como en gravedad cero. Intuitivamente aprendió a deslizarse, nadando en ese vacío, flotó por el borde negro hasta que encontró un precipicio que descendía, aún si no hubiese querido descender con el, una fuerza enorme, como la de una cascada, la tiró hacia abajo, estaba cayendo hacia una interconexión de lo que ahora parecían hileras de líneas entrecruzadas y que fueron volviéndose imágenes más nítidas a medida que se acercaba. Estaba entrando al universo de Instagram, cientos de post aparecieron por doquier, no solo de los perfiles que seguía, allí estaban todos los post de todos. Era una cantidad de contenido abrumadora.

No tuvo chance de elegir nada, el algoritmo, porque ahora estaba absolutamente en su dominio, la lanzó contra la marea de publicaciones navideñas: Mariah Carey cantando en un reel con sus hijos, Mariah como canción de fondo, Mariah como fondo en la televisión, Mariah impresa en una camiseta, en una taza, en el desayuno, en la cena. La marea la arrastró por árboles de Navidad con muchos regalos, árboles de lujo, la fiesta de Navidad de las Kardashian, árboles feos, recargados, de mal gusto, en casas hermosas, en mesas de plástico, con bailes de TikTok de adolescentes semidesnudas, de fotos de bebés con escrito “El verdadero regalo de Navidad”, de fotos de un arbolito cortado a la mitad y la otra mitad es el bombardeo en Gaza, de un árbol gris de humo por la guerra, de bebés desaparecidos. 

La rapidez de los contenidos se estaba volviendo insostenible para Mónica, apenas tenía tiempo de digerir lo que sucedía cuando ya estaba en otra situación, detrás de los post de Navidad estaban los de la guerra en Gaza, de repente se encontró entre escombros, humo, sangre y niños heridos, militares, terroristas, armas, políticos, odio, le giraba la cabeza y sentía fuertes ganas de vomitar. 

Gente discutiendo, despotricando contra los judíos, teorías descabelladas, los derechos humanos, miles de banderas de palestina, terroristas de Hamás, después vino la sexualización y la opulencia, los memes, las bromas, la misma broma, el mismo meme una y otra vez, todos repitiendo lo mismo, lo mismo, lo mismo, imitándose unos a otros.

La misma canción, el identico trend y todo volvió a empezar, meme, Gaza, Navidad, Noche Buena, conspiración, #freepalestine, falsa espiritualidad, masculinidad tóxica, culo gigante, baile de TikTok, Gaza, meme, niños muertos, Navidad, niños heridos, Navidad, bomba, pavo, culo, meme, un Ferrari, culo, un Mustang, tetas, bomba, Navidad, terroristas, niños muertos. 

Mónica iba a enloquecer, no sabía cuántas horas de las 24 habían pasado, pero temía que muy pocas. 

Maldijo al enano, maldijo a Marc Zuckerberg, al algoritmo, a las personas que compartían contenido, al mundo entero por ser tan retorcido y a la adicción a esa falsa e hipócrita vida perfecta.

No es necesario llevar al lector a lo que la jovencita pasó, deslizando por todo tipo de contenido subido a Instagram en esa cantidad de tiempo que pareció tortura infinita.

Cuando se cumplieron casi las 24 horas Mónica estaba en posición fetal cubriéndose la cara con los brazos, cerrando los ojos y simplemente deslizando por un post a otro como una pelota sin destino, presa de un algoritmo cruel, repetitivo e impavido. 

El día en su ‘vida perfecta’ había terminado, el torbellino dorado la envolvió pero no sintió nada, estaba entumecida, nada tenía efecto sobre su piel o su mente, salió de su teléfono y su imagen real se proyectó en la cama, seguía protegiéndose en posición fetal cuando se materializó en carne y hueso.

Al sentir que el vértigo se le apaciguaba en el resguardo de su mediocre habitación, ahora un pedazo de cielo, rompió a llorar. 

Abrió la ventana y lanzó su iPhone por ella.

2 comentarios sobre “#InstaNavidad

Agrega el tuyo

Replica a vivi Cancelar la respuesta

Crea una web o blog en WordPress.com

Subir ↑