1+1=3

Terminaba de dibujar la curva del 3, cuando Xiao me quitó la tablet de las manos.  

—¿1+1 = 3? ¿No me extraña que estés por aplazarte en matemáticas Joao? Jajaja.—

Me ofendí, pero sus dientes blancos, el sonido agudo de su risa y esos ojos almendrados convertidos en dos medias lunas me apretaron el corazón. Xiao era especial para mí. —

¡Calla! Es el primer axioma de la teoría de dimensiones paralelas que estoy preparando. 

—¿Axioma? ¿Qué es eso? Solo conozco esa palabra porque “Axiom” es la marca de uno de mis teclados. Me preocupas, deberías saber cuánto es 1+1 Joao.— Dijo en tono burlón.

Un axioma es una regla, dentro de un marco teórico, que no necesita ser probada y que es parte esencial de un razonamiento. Pero ya déjalo ahí, no quiero que me critiques. ¡Sé cuánto hacen 1 + 1!—

Mientras yo respondía Xiao me había robado también el lápiz electrónico para escribir AXIOMA dejando en la “o” una carita con la lengua afuera y dos equis en lugar de los ojos.

La vi alejarse con su enterizo de color verde neón con agujeros en los hombros, codos y rodillas. Xiao se vestía como le daba la gana y caminaba con ligereza, eso también me gustaba de ella. Producía música muy extraña con teclados e instrumentos electrónicos y estaba convencida que un día tendría éxito con su banda virtual. 

Guardé la tablet en la mochila y dejé la escuela, yo vestía pantalones de pitillo y camiseta negros, como casi siempre. 

Salí por el corredor, ambientado con flores y plantas hidropónicas en las paredes, un túnel agradable que te deja de golpe en Heinrich-Heine-Straße. Mandatario espacio “verde” de las escuelas públicas para apaciguar la contaminación y evitar sanciones de la ley de protección ambiental.  

¿Por qué 1+1 = 3? Para empezar, ese tres no es un número, es otra dimensión.

Si juntamos un sistema con otro sistema, ambos de masa distinta, propiedades y características diferentes, temperatura, forma, peso, todo de otra manera, no obtenemos una suma de las dos cosas. Nos encontramos con algo superior, una realidad elevada, creada por ambos sistemas, una tercera dimensión que engloba ambos. 

El tram llegó. ¿Por qué no se lo había explicado a Xiao? ¿Obteniendo su admiración en lugar de sus burlas? für nichts gut! Me dije, tal como hubiera hecho mi padre. 

En casa me encerré en mi habitación, como hacía siempre, mamá había muerto hace cinco años y mi padre se había convertido en un idiota sin medida, nunca más volví a comer feijoada ni a reír hasta vibrar. 

La mayor parte del tiempo investigaba sobre agujeros negros, Stephen Hawking sostenía que podrían ser un portal a otra dimensión y la ciencia ficción los utilizaba como orificios espacio temporales donde se podría viajar en el tiempo.

Los descubrimientos científicos se basaban en el horizonte de sucesos de un agujero negro, es decir en su límite. Conociendo lo que sucedía en la frontera se podría estudiar las características de un agujero, pero no mucho más. Una reciente teoría, también de Hawking, explicaba qué sucedía con todo lo que se traga un agujero negro, nada desaparece, todo se transforma, lo frustrante es que no se confirma que todo lo que absorbe el agujero se plasma nuevamente en otro espacio multidimensional. Sino que, la ciencia se detiene al límite, teorizando una solución llamada el holograma 2D, toda la materia atraída al agujero negro se refleja, como en un espejo, en una segunda dimensión, inservible, plana, un simple depósito, porque en 2D no tenemos volumen. ¿Por qué la teoría de nuevo se queda corta? En terreno conocido. ¿Qué hay de la tercera o cuarta dimensión? ¿Qué hay de las miles de dimensiones enrolladas concebidas por la teoría de las cuerdas?

Escribí el segundo axioma fundamental para la existencia de dimensiones paralelas, en la cara de Hawking, parecía más un mensaje que una regla, pero el imperativo era necesario:

Ve más allá del límite.

Soñé que Xiao me robaba de nuevo la tablet, esta vez el enterizo era naranja y tenía agujeros en forma de triángulos en los brazos, las piernas y debajo del seno. Me sonreía con los ojos y la boca, brillando, calmando la angustia de mi pecho. 

Teníamos 17 pero parecíamos de 25, en Berlín se crece muy rápido. Yo no solía ir a fiestas, pero Xiao iba a tocar en un centro social y tenía que verla. 

El antro estaba medio vacío cuando ella tocó, esta vez el enterizo era corto, de manga larga y tenía el cuerpo de un delfín sobre una tela elástica color turquesa y verde alga. La cabeza de ella remplazaba la cabeza del animal, tocaba y mezclaba el bit electrónico con su consola, cantando con un distorsionador de voz, emitía sonidos pronunciando extrañas frases en chino.

Nadie la veía como yo y lo mágico es que ella mantenía mi mirada mientras “cantaba” tensando un hilo magnético entre nosotros, ese tipo de fuerza que es la más potente del universo. 

Cuando terminó el concierto desapareció con un grupo de personas estrafalarias, vestidas de colores, que fumaban marihuana. 

Mi obsesión por los agujeros negros se hizo tan profunda que decidí estudiar astrofísica en la universidad de Fudan en Shanghái, necesitaba aprender chino antes, era el primer límite que debía pasar y así además de acercarme a una potencia mundial, la madre de Xiao me aceptaría porque era china; su padre era alemán, pero dudo que fuera tan idiota como el mío.

Simplemente sentía que era algo que debía hacer, aunque eso implicase alejarme algunos años de ella. 

Después del concierto, se había creado entre nosotros la primera fase de una nueva dimensión, se trataba de una intención todavía, de algo muy ligero pero que sin duda atraía energía entre nosotros y nos separaba del resto. 

Un día le dije que aplicaría a la universidad en China y que tenía un año para aprender chino. Ella me miró asombrada. 

— ¡Te echaré en falta! ¿Qué demonios vas a hacer allá? Estás cada vez más loco Joao. Dàn hǎo ba, wǒ huì jiào nǐ zhōngwén. 

— ¿Entonces si me enseñarás chino?

— Pero, si ya lo entiendes, ¡pequeño genio!

— Lo he estado estudiando, pero necesito Shíjiàn, práctica.

—Hecho. — Dijo ella con los ojos luminosos, que esta vez llevaba maquillados con un delineador rojo en forma de llamas de fuego.

Pasamos varios meses juntos, yo no era tan inservible como mi padre se obstinaba en hacerme creer, e hice grandes progresos muy pronto. Mi chino no fue todo lo que se desarrolló en ese tiempo. Nuestra dimensión cobraba una forma decididamente más compacta y la vida se desenvolvía en ese nuevo espacio hecho posible por ella y por mí. 

Fui aceptado en la universidad en Shanghái, agilicé todos mis documentos y preparé mi estadía allí. 

Xiao me llevó al aeropuerto en el coche de su padre, un Sedán negro de ya algunos años. Escuchábamos su último mix, estaba a punto de lanzar la banda virtual, ya había hecho el diseño 3D de dos de los protagonistas que ella misma encarnaría con distintas voces e instrumentos. 

No hablamos mucho en el camino, yo sentía que estaba cometiendo el peor error de mi vida y el agujero que tenía en el pecho, a duras penas remendado, se me desgarraba de nuevo, luchaba ferozmente contra mis ganas de llorar para no hacer el ridículo delante de ella. 

Aparcamos. Iba vestida de blanco, con un top y un biker short con cortes horizontales cerca del doblez y una gargantilla blanca de la misma tela, llevaba la cara lavada, eran las seis de la mañana. 

— ¡Adiós pequeño genio!— Dijo ella abrazándome. —Sé que conseguirás grandes cosas y harás más bien al mundo con tus teorías que yo con mi música. — Sus ojos brillaban, pero esta vez tenían un reflejo vidrioso y no sonreían ligeramente, sino que lo hacían con cierta pesadez.

— Wǒ ài nǐ amigo. — Sus palabras quebraron mi corazón y las lágrimas brotaron de mis ojos, yo no solo la quería como amiga, la amaba con todo mi ser. 

— Wǒ ài nǐ Xiao. Nos volveremos a ver pronto amiga. —

Lloré como un niño durante el vuelo. Pero una vez en China me recompuse, iba a atravesar los límites de la ciencia, con todo lo que fuera necesario. 

Mantuve algunos mensajes con Xiao durante los primeros años, me enviaba sus canciones, la veía en Instagram y TikTok. Yo no volví a Berlín, aprendí muchas cosas sobre la forma del universo, el espacio tiempo, la materia y la energía oscura. Comencé a redactar mi tesis sobre dimensiones paralelas basada en mis dos axiomas.

Todo iba según lo previsto y ese plano devenir de las cosas, me hacía pensar en un posible tercer axioma muy naive que incubaba desde la muerte de mi madre, tenía que ver con el principio de entropía, es decir de caos, de desorden e indeterminación de los sucesos en un fenómeno, venía a poner una especie de orden cósmico, una especie de “fate” en el fātum. Todo estaba escrito, si mi madre no me hubiera abandonado yo no sería quien soy ahora, ni estaría donde estoy, buscando lo que busco. 

El desorden tiene un orden. 

Era mi tercer axioma.

Me costó mucho entender por qué esta vez, la definición de este axioma vino con algo tan brutal en mi relación con Xiao. Esta vez no la soñé sonriente, no me quitó la tablet rozándome con sus dedos suaves. Me enteré por una historia de Instagram que había muerto, a través del perfil de una persona rara que empecé a seguir por ella, la etiquetó en una foto, ella en el escenario con un vestido de lentejuelas rosa y en la frente un fénix hecho con brillantes, estaba escrito: Rest in peace Angel. No lo creí, empecé a buscar información por todas partes y la noticia se confirmaba en distintos perfiles. Al parecer se trataba de una sobredosis con alguna droga nueva, en el after de uno de sus conciertos. 

El agujero que tenía en el pecho se expandió por todo mi ser, tanto que sentí convertirme yo entero en un agujero, de seguro era negro porque en mí moría todo lo que se me acercaba y nada desaparecía, seguía pudriéndose en una 2D maldita. Horribles sentimientos que se encasillaban en todas mis posibles dimensiones.  

No voy a hablar de dolor porque lo que probaba iba más allá, estaba vacío, nublado, numb, adormecido.

Terminé la universidad, cambié mi tesis por una extensión de la teoría de Hawking del holograma 2D estudiando los límites de los agujeros negros más grandes de la galaxia y haciendo una comparativa para intentar probar la teoría. Obtuve buenos comentarios e incluso una publicación en chino y alemán.

Para la muerte de Xiao no había explicación, no existía razón de ser. El universo era un colapso de sucesos, uno mas torpe que el otro, sin ton ni son, sin alma ni propósito. Mi tercer axioma era el mayor sinsentido de la ciencia, el determinismo no existe, todo es aleatorio.

Continué mis estudios sobre agujeros negros bajo las teorías de Hawking y Penrose. El hecho de ser mitad brasileño y mitad alemán en China me abrió muchas puertas, tuve distintas publicaciones por el mundo y los años pasaron. Pero yo seguía vacío.

Finalmente llegó a mis oídos un proyecto espacial que llamó mi atención. Se formaría un Taikonauta del estado Chino para una misión 99% kamikaze en el espacio (aunque no lo vendían así). Enviarían una nave espacial híper veloz, dirigida por una persona, hacia el punto más cercano del horizonte de sucesos del agujero negro supermasivo más grande de la galaxia, el TON 618 con 66 mil millones de masas solares, para captar información que apoyaría la existencia del holograma 2D.

Yo contaba con toda la teoría para postularme, visto que durante años no había hecho otra cosa que dedicarme a ese tipo de estudio. La práctica estaba a cargo de “The China National Space Administration” y se trataba de un año de formación y simulacros. 

Presenté todo lo que me solicitaron, tuve cinco entrevistas y finalmente fui la persona seleccionada para la misión Holo2D39.

Pasé un año visitando nuestra nave espacial cada día. Era del tamaño de un automóvil, porque siendo pequeña consumiría menos combustible, alcanzando más fácilmente velocidades nunca vistas. Estaba recubierta con plexiglas reflectante dado que su propulsión vendría por el impulso de fotones, a efecto de un láser dirigido desde la tierra.

En su interior habían pantallas flexibles que reproducían los comandos, básicamente en cualquier lugar de la nave, con sólo el tacto de mis dedos.

Rápidamente me fui acostumbrando a la gravedad 0 y me volví más hábil deslizándome en el aire. En lugar de comer, tomé cada día unas pastillas que se encargaban de saciar el hambre, la sed, de darme todos los nutrientes y vitaminas necesarios y además permitirme descansar. Las mismas que me alimentarían por el resto de mis días.

El año de entrenamiento pasó y me encontré en el espacio camino al TON 618, a una velocidad extremamente rápida, alcanzaba 10 mil millones de años luz en 365 días. Se trataba de una misión kamikaze precisamente por este factor, la nave iría desintegrándose a causa de la velocidad y para el momento en que llegara a la parte perceptible del horizonte de sucesos del supermasivo, no podría ni volver.

Si bien el proyecto suponía, que una vez activada la transmisión debía virar dirección hacía la tierra, las probabilidades de regresar con vida eran muy bajas. Era una misión por la ciencia, por la teoría de Hawking, porque China quería ser el primero en tener esa información y porque a mí me daba igual todo.

No tenía nada que perder, seguía siempre vacío, lo único que me entusiasmaba era que ese tremendo agujero negro me trague, aunque esa también era probabilidad baja.

Diez años pasaron y me mantuve en la misma posición, actuando mejor que una máquina, tal como se había previsto, lo único que hacía además de controlar la trayectoria era imaginar conversaciones con Xiao, de lo más banales y llevaderas, alegres, un sedativo para mi muerte en vida. 

Llegué al límite del horizonte de sucesos, encendí el receptor de información, que empezó a registrar y filtrar todo el “ruido” entre la nave y el horizonte, a través de ondas vibratorias.

Transmití durante 365 días hasta que recibí el mensaje de cumplimiento de la misión y la orden de regresar. La incumplí. Yo solo quería seguir para adelante y ver hasta dónde podía llegar, sin desintegrarme en el espacio. 

Cada día la nave perdía estabilidad, me sentía en un cacharro viejo que quebraría en cualquier momento, asombrosamente duré un año mas con la trayectoria hacia el agujero negro.

En los últimos días, antes del colapso de la nave, empecé a sentir una sensación extraña en el pecho. Mi vacío se llenaba de algo, o mejor dicho de todo, los comandos, las pantallas, la destartalada nave y el oxígeno, energía, vibraciones, luz y calor, polvo estelar; succionaba todo lo que pasaba por mí.

Finalmente, como nunca, me sentí lleno, tanto que olvidé quién era, podía percibir la potencia del verdadero agujero negro y no la del puto horizonte. El TON 618 me atraía hacia sí. Según el axioma 1+1=3 yo también era un agujero negro, muy distinto y diminuto, pero mi intuición me decía que lo era y que al serlo estaba modificando la fuerza gravitacional del supermasivo. Girábamos juntos hacia una dimensión superior.  — ¡Ve más allá del límite! — Me dije casi gritando. 

La nave finalmente quebró, la presión de la atmósfera entró por todas partes y estallamos.

Mi cuerpo o lo que parecía serlo alcanzó la velocidad de la luz y como un rayo se fusionó con el agujero negro más grande de la galaxia. 

Exhalé, era nuevamente el 2025, Xiao me robaba la tablet para leer 1+1=3, iba vestida con un enterizo verde neón con agujeros en los hombros, codos y rodillas, pero esta vez le dije que 3 era una dimensión y no un número.

4 comentarios sobre “1+1=3

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