24 horas del día
8 horas durmiendo
8 horas al teléfono
8 horas ¿?
Bienvenidos a la burbuja, un mágico lugar donde obtienes lo que pides con solo pagarlo. Una vitrina cuyo reflejo te muestra lo que no puedes alcanzar. Sus bordes cóncavos y brillantes hipnotizan, dejándote con un deseo insaciable, infinito, que te hace cometer cualquier cosa por conseguirlo.
La burbuja tiene muchas capas; rompes una y te encuentras en otra, es un sinfín. Es peculiar porque hay quienes ven todas las burbujas y quienes no. Es más común verlas todas si estás atrapado en las más pequeñas, porque así funciona su mecanismo de deseo, mostrándote algo que no tienes y que anhelas alcanzar. Mientras tanto, los de las burbujas más grandes y preciadas ignoran o desconocen por completo las burbujas pequeñas, que de preciado no tienen nada.
Es un mundo tan superficial, cuán precioso como cruel. Todo está construido sobre las espaldas de alguien más, en una pirámide tan alta, gruesa y pesada, que los de abajo no pueden ascender jamás.
Siempre habrá alguien mejor que tú: más rico, más guapo, mejor vestido, más educado, más brillante, al punto que todo a tu alrededor te generará desconfianza. Acabarás aislándote porque todo es una competencia, y con tu competencia no compartes, no celebras, no amenizas. Al menos no en un lugar cercano al corazón.
El corazón, vendido junto al alma y el cerebro al consumismo extremo; por no hablar de la ética, la moral e incluso las partes íntimas del cuerpo.
La regla es sencilla: el dinero te abre las paredes de las burbujas, las rompe en un abrir y cerrar de ojos. Por lo tanto, la respuesta también es sencilla: hacer de todo para obtenerlo.
Es una analogía de la forma circular de la burbuja, una serpiente que se muerde la cola, que se traga a sí misma, se vomita y vuelve a tragarse.
Con dinero consigues la inmortalidad, el look de semidiós y las cosas más perfectas de la burbuja.
Solo por hoy, te ofrecemos 100,000,000$ en un intercambio a ojos cerrados. No sabes lo que das, pero sí lo que recibes.
¿Aceptas?

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