METAVERXIC

El fin de semana ha sido pesado, últimamente el yoga del atardecer y los centrifugados ya no se mezclan con la fiesta como antes. 

Tengo un date, con Afroditya una influencer vegana. Cuando la conocí llevaba una cadena con un cuarzo tan grande que temí que se le pudiese romper el cuello en una mala movida. 

Esa noche bailamos un rato. Era alta, esbelta y genuina. Teníamos química. 

Abro mi ropero pensando en ella y veo un pantalón al revés, de repente tengo un flashback, he soñado con esa imagen. Llevo un tiempo viendo fragmentos de mis sueños en la realidad. Son tonterías como esta, ropa, comida, detalles, colores, lugares, etc., que duran segundos. 

Lo desdoblo y lo calzo.

Necesito salir de aquí, intento gritar, pero no sé dónde está mi boca, es como si estuviera presente pero no tuviera cuerpo; me concentro tanto en la idea de tener uno, que percibo un hormigueo en algún lugar. Llevo mucho haciendo esto, queriendo salir de aquí y consiguiendo solo esa sensación, una presencia que dura unos segundos y desaparece.

No voy a parar. Debo encontrar mi cuerpo y salir de aquí.

Finalmente ha mordido el anzuelo, el sexo no ha sido tan bueno o yo no estoy tan conectado últimamente, el tantra me sabe a falso, como todos los discursos de “manifestación” que me toca escuchar. Las chicas, mis amigos, mi entorno, todos estamos “vibrando” de la misma manera. Pero me sabe a irreal. 

Finalmente logro ver algo. Una enorme pantalla con el mapamundi de la Tierra. Deduzco que al principio veía mi propio reflejo, o sea, un solo canal de luz y ahora lo puedo ver todo.

Los continentes están repletos de puntos blancos, algunos de ellos fijos e inmóviles y otros parpadean. Son tantos que se juntan entre sí. Los veo a gran escala y luego en pequeña, desde lejos, infinitamente lejos, son como un halo que se mueve, que vibra. No tengo control sobre ello. 

Ligamos, me hice amigo del grupo de Afroditya, y me invitaron a un festival único: Neo Deep Soul Spiritual House Music en una isla privada del Caribe. 

Videollamé a mi bestie Anna para contarle la increíble nueva, me dijo entusiasmada que yo había manifestado esa oportunidad. Y pensé que así debía sentirlo, como algo especial, aunque eso estaba lejos de la realidad. Últimamente mis emociones no parecen auténticas. 

Abrí el agua de la bañera y vi el jabón de bio-jazmín en esa esquina específica, en medio del mosaico blanco con negro. De nuevo flashback de un sueño.

No podría decir que estos momentos eran un déjà vu. Porque no eran la sensación de haber vivido algo. Sino más bien una especie de interferencia de mis sueños en la realidad. 

De nuevo veo solo una luz, pero ahora sé que soy yo. Esta vez el punto parpadea intensamente y tiene un color rojo. Intento ver el todo y poco a poco la imagen se abre. Soy el único punto en esa zona con ese color. 

Escucho una alarma que termina en ruido, no es claro, parece que se unieran miles de ondas sonoras en contemporánea. Me esfuerzo por “entender” algo. Una voz metálica empieza a tomar forma:

— El usuario 71625475979725264940’’333 presenta una reacción al alimento por sonda. Su cuerpo ha creado una inusual alergia y se está “despertando”.

— Eres el único Tristan, no hay nadie con quien desee estar aquí y ahora, más que contigo. —

Le respondo con un beso, sí que hemos ido rápido. Es como si estuviera presente físicamente, pero a la vez en otro lugar. Le sigo la corriente, al final estoy en un festival con la gente más top del planeta gracias a ella. Me concentro y la abrazo por la espalda, girándola hacia el megaescenario. 

La música retumba a un ritmo constante, estamos descalzos sobre la arena, bebiendo champaña. 

— El usuario “333 está rodeado de otros, no podemos dejar que muera. Estamos demasiado expuestos.

Ese 333 soy yo. ¿Quiénes son los otros? Me desespero, el punto parpadea más rápido y se torna escarlata. Identifico otra especie de “voz”. Una voz aguda, más bien humana, que repite velozmente la misma frase:

Mundipharma nos tiene dormidos en un metaverso tóxico

Mundipharma nos tiene dormidos en un metaverso tóxico 

Mundipharma nos tiene dormidos en un metaverso tóxico.

Parece una grabación que se reproduce una y otra vez, pero creería que alguien lo articula, aquí y ahora. 

Estamos en la zona VIP en una mesa que costó medio millón de dólares. Me impresiona que Afroditya me presente a todos sus conocidos, mientras me agarra la mano. Sus uñas kilométricas me raspan de vez en cuando, pero no digo nada, solo sonrío. 

Le llega el turno a un tipo con el que todos se comportan de modo extraño, lo idolatran.

— Tristan, él es Mark Zuck, creador de Meta. Tiene doscientos años y es uno de los únicos inmortales de la Tierra.

Le doy la mano, mi apretón es firme, el suyo parece el de un zombi.  Se trata de una leyenda. Me parece extraño, sin embargo siento que realmente me considera. Nos quedamos con las manos juntas por un momento más largo de lo usual, sus vidriosos ojos azules perforan los míos, dentro mío escucho: ¡AYUDA!.

— Vamos a tener que suprimirlo.

Mi punto está casi negro, veo la amplia imagen del mapamundi, muy cerca de mí hay un punto rojo, pero no parpadea. Logro finalmente percibir algo que me pertenece, puedo “mover los ojos”. Veo mi cuerpo. Estoy recostado, una gruesa sonda me entra por la boca. Pero no siento nada. Solo observo.

Un dron metálico vuela encima de mí, retira el tubo que llevo dentro, desprendiéndose de mi interior de forma delicada, a pesar de haber estado en mi esófago está inmaculado, flotando en el aire, intento gritar, pero no puedo, la garganta no me responde. Un líquido blanco entra a borbotones por mi boca hasta ahogarme. 

Estoy empapado y vomito agua, me rodean personas en una orilla de la playa. Afroditya está llorando. Lo paramédicos me llevan al hospital. Estoy a salvo, me dicen que las drogas que ingerí fueron las causantes de una especie de delirio y que preso por la euforia entré al mar donde me ahogué.

— Yo no tomé ninguna droga. — Les reprocho.

Me enseñan un examen de sangre que comprueba que sí. 

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