EUropía

El proyecto EUropía había seguido su curso con éxito.

La agrupación presidencial de Marte estaba orgullosa (también fue reelecta por ello) de los planetas sintéticos lanzados en la vía láctea, porque representaban finalmente, la conservación de culturas ancestrales europeas, como la mía, en Andalucía2019

Por primera vez en la historia de la humanidad se lograba emular la vida, como fue hace un par de siglos (antes de la catástrofe viral). El mérito lo tenía el progreso de neoinseminaciones artificiales en seres complejos y el avance de la nanotecnología en el campo de esferas biológicas, híper resistentes, con características que replicaban la antigua Tierra. 

Mis padres, junto con otros miles, habían sido los primeros habitantes. Mis hermanas y yo representábamos la segunda generación. Por alguna razón, nacimos más mujeres que hombres; y los chicos de mi edad eran tremendamente guapos, muy andaluces (eso enseñaban los videos sagrados): de ojos grandes y rasgados, con cejas y pestañas tupidas, irises verdes, marrones y naranjas, como los colores de los bosques. 

Todas mis amigas tenían ganas de reproducirse, esa era la idea, que nos multiplicásemos de forma “natural”, y funcionó. 

Nuestro planeta sintético de vida artificial continuaba poblándose de andaluces autóctonos que practicaban la cultura: hablábamos castellano usando ese acento particular, con el que cualquier palabra suena bonita; preparábamos pescaíto frito y gazpacho, se bailaba y cantaba flamenco (no se me daba nada mal el zapateo). La religión pegó un poco menos porque ya se había degradado en su época y su puesto fue ocupado por los videos sagrados, que nos enseñaban todo lo que sabíamos, se mantuvieron las costumbres y se imitaron los monumentos más importantes de la comunidad: la Alhambra, la Alcazaba, la Mezquita y la Giralda. Hasta teníamos una Alpujarra (un grupo de casitas todas blancas en la cima de la montaña) y, por si fuera poco, una playa artificial simulando cabo de Gata, mi lugar favorito, sin duda. 

Con todo esto, sumado a lo que llevábamos implantado en el ADN, nos comportábamos muy parecido a los verdaderos andaluces de 2019; eso sí, contábamos con toda la tecnología de nuestro siglo, y siempre debíamos rendir cuentas al mando de la humanidad en Marte. No dejaríamos de ser su experimento, el soñado proyecto EUropía

Y había funcionado, sin embargo, no se previó que ese comportamiento “natural” fuese más allá de la reproducción y la apropiación cultural. La naturaleza aplicó sus leyes universales y los planetas sintéticos que estábamos regados por el universo empezamos a conectarnos entre nosotros, se creó vida alrededor de nuestros confines, nacieron partículas que se convirtieron en moléculas y en átomos, uniéndose como membranas, dando forma a nueva ¿tierra? o algo muy similar, pronto teníamos a Cerdeña y Perpiñán al lado.

La manera en la que se conformó la nueva Europa no tenía nada que ver con la de los videos sagrados, éramos una cosa nueva, sintéticamente natural, con potentes, diversas y marcadas subculturas. 

Cuando los primeros intrépidos se atrevieron a cruzar confines y nacieron los bebés apresurados de la tercera generación (ahora mixta porque resulta que los italianos de Cerdeña también estaban muy guapos), una enorme explosión se cargó a todos los planetas aglomerados de EUropía, desde Marte dijeron que fue un ataque terrorista de los antigobierno, pero yo estoy segura de que nos exterminaron ellos mismos, les entró pánico porque sus pequeñas crías se salieron de control y tenían (tenemos) mucho potencial para sublevarse.

Os narro a través de mi conciencia, que flota en el espacio y puede conectarse desde donde sea con lo que sea… al final, superamos en todo a esa raza mal follá.

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