–You alright Bae!?– me soltó Emma, con ese dejo chirriante en la voz que la hacía parecerse a cualquiera. –Yep honey! –dije sin esmero. Me sorprendí de lo fácil que se le hizo dejar de pensar en mí, y mi bienestar, para reemplazarme por el cinturón que no había comprado, que se parecía al de iKardashian, la robot influencer que marca todos los trends.
Era un estrés escucharla pensar. Podía oír todo lo que pasaba por su mente, como me sucedía con muchas otras personas. Casi todas muy similares y como no serlo si el mundo entero habla el inglés americano y nuestra única cultura es el consumismo.
“Sentirse como en casa, siempre” es el lema. Yo soy un outsider, me mantengo offline la mayor parte del tiempo y desde que se instaló el 18G, hace casi un año, escucho los pensamientos de los borregos digitales del sistema. (No soy el único)
Estoy con ella porque es mejor que estar solo, es tonta pero buena, tiene buen culo y nunca finge un orgasmo (sin duda la mayor bondad de leer su mente).
Creí que con ella me quedaría, que la edad del conformismo había tocado mi puerta y doblegado mi ser, hasta que Emma empezó a actuar de forma extraña, no paraba de escuchar unos podcasts sobre LA VERDAD, el espíritu y los guardianes de la humanidad.
De repente dejé de oír sus pensamientos. Eso me puso más nervioso que antes. ¿Había dejado de ser una alienada conectada 24/7 a la red?
Prefería reír o atormentarme con sus ideas básicas a este crudo silencio. También estaba esquiva y en la semana se ausentó 3 veces durante 3 horas a las 7 de la tarde.
– Bae I need time alone. – Me dijo con una mueca sin verme a los ojos. Cuando busqué su mirada, la tenía muy rara. Sus irises se veían el doble de grandes y el borde negro que los rodeaba ocupaba casi todo el ojo, al darse cuenta de que lo notaba, me gritó: – Get out of here! –
Dejé la habitación aterrado, caminando hacia atrás sin despegar los ojos de ella.
Salí a toda prisa de la casa, sin audífonos, usualmente voy siempre a la calle con música para cubrir los pensamientos idiotas de las personas. Pero me sorprendí, aún sin ellos, todas las mentes estaban en silencio.
Bajé por la avenida principal y vi un grupo de gente alrededor de alguien que hablaba levitando en el aire, gracias a unas botas de propulsión que no me impresionaron tanto, el individuo proclamaba:
– Han venido a por nosotros. Los alienados mutaremos y sobreviviremos. Finalmente, la humanidad ha encontrado a su verdadero Dios. –
Mientras decía esto señalaba el cielo, encima suyo flotaba la imagen de un ser verde, cuya cabeza era desproporcionada, más grande en la parte del cráneo y sus ojos eran rasgados con las pupilas completamente negras.

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