Cada vez se hace más difícil escapar de los cyborgs, día a día aprenden de nuestros actos, de cómo nos movemos, hacia dónde nos dirigimos, con quiénes comunicamos.
Van registrando toda la información en sus cerebros biológicos hiper-inteligentes.
Nos clasifican en una escala del más fuerte al más débil, aunque todxs, necesitamos agua, comida, reposo y cobijo.
Vagamos por las calles, escapando constantemente, hay quiénes colaboran entre sí, quiénes se matan entre sí y quiénes van “alone”, como yo.
He logrado escapar durante 87 días desde la gran cacería, no sé cuánto más vaya a durar. Estoy metido en un agujero bajo tierra, encontré este lugar anteayer, es húmedo y tiene restos de una construcción, hay trozos muy bonitos, de pinturas, cerámicas de colores, diría Gaudí, mi abuela habría sonreído con mi acierto.
Escucho algo robótico desplazarse con elegancia, mierda, son los pasos metálicos de un cyborg. No respiro, el cyborg no respira. Se mueve lentamente, escucho el sonido de su consciencia plasmarse, está haciendo un escáner de mi cueva, pronto verá la forma de mi cuerpo y de la actividad de mi mente.
Intento no pensar, pero es imposible, me repito sin parar: quiero estar en casa.

Deja un comentario