Últimamente (un año o más) mi cerebro ha encontrado un lugar infinito y oscuro, como un agujero negro en el espacio, que no deja circular nada alrededor sin absorberlo y consumirlo con su potente energía.
Masa negra. Algo así, masa negra donde no hay tiempo, un segundo pueden ser millones. Una agonía puede ser para siempre y tan solo durar un momento.
Todo pasa. Esto no lo olvido, todo es pasajero. ¿Pero, por qué ese agujero devora con maldad eterna?
Visité algún psicólogo. Rabia me dijeron. Tenía rabia dentro y no era capas de sacarla. Lo que yo entendí es que lo peor de todo era que la rabia la tenía conmigo mismo.
Solo. Solo, solo, solo.
Decidí comprarme un pez. Fui a una tienda de peces donde me atendió un chino, compré un pez betta porque me dijeron que podía vivir solo. Como yo.
La pecera era redonda y pequeña, me aconsejaron poner diferentes cosas en ella, piedras, plantas, juguetes, porque a mi pez le gustaría.
Lo llame Nez, Zen al revés y rimaba con pez… tardé 10 segundos en darle su nombre. Soy de los que prefiere las cosas rápidas, instintivas. Una especie de obsesión por las primeras ideas.
Acomodé a Nez cerca de mi cama. Recostado en ella podíamos mirarnos, así pase 10 minutos en cama viendo como él se movía de un lado a otro, dio algunas vueltas y se quedó quieto.
No parecía tan feliz debo decir. De repente escuché, o al menos lo que sentí se asemejaba a escuchar, lo siguiente:
-¿Quién puede ser feliz viviendo así Javier?
Miré a Nez, no había movido la boca más de lo habitual, es decir abría y cerraba la boca todo el tiempo.
No era sonido, sentía algo directo en la mente.
-¿Sabes que estás tan deprimido que tus ondas de pensamiento tienen una frecuencia tan baja que te entiendo y podemos comunicar?
No hice nada, bueno nada más que pensar varias cosas.
-Los peces no somos estúpidos, conversamos y cooperamos entre nosotros. Tenemos un sistema nervioso como el tuyo, sé lo que es la depresión, créeme. Vivir en una tienda de peces no es fácil… bueno yo ya nací allí y del océano he escuchado solo historias. Dime si no es suficiente para vivir deprimido. Al menos tu tienes libertad.
Mi mente estaba bordeando el agujero negro, quizás por el estrés que me producía esta situación con Nez.
-¿Sabes como sobreviví al hoyo? Nadando en él.
Claro, fácil para un pez decir eso. Pensé.
-Deja de luchar, acepta tu situación, flota o nada con la corriente. No desperdicies tu energía en contra, porque es lo único que te pertenece, si la derrochas sin criterio acabarás vacío.
Mientras más conoces el agujero negro más fácil te será entenderlo y menos miedo le tendrás. La potencia que le ves depende de ti.
Un pez es mejor que el Prozac.
Sentí a Nez reír, o algo en él que me acariciaba el corazón y yo sonreí de vuelta.
Pensé en Ignacio mi ex. En cómo me hacía reír solo mirándome, estábamos conectados como peces en el mar. Era el amor de mi vida.
-Déjalo ir con la corriente… ¿Podrías llevarme a conocer el océano?
El verano estaba casi terminando y yo no había pisado la playa pero por Nez hubiera ido a cualquier lugar. Y así lo hice, manejé hacia la Costa Brava para que viera un agua mas limpia y clara.
-Me quiero quedar aquí.
Y lo dejé con mucho amor y una premura de madre.
-Lo sé que es peligroso porque el océano es inmenso y extraño para mi. Pero todo da mucho más miedo cuando no lo conoces.
¡Adiós! Ve con la corriente.
Tú también Nez, tu también pez zen.

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