Llego al gym a la hora exacta, me cambio y voy a la piscina de cromoterapia. Siempre me ha gustado estar en el agua, como si el solo hecho de estar en contacto con ella permitiera a mis células limpiarse, como si las moléculas de agua pudieran entrar y salir de mi, entremezclando mi energía, cual si fueran las olas del mar.
Elegí Cromoterapia en agua porque es una experiencia de natación más completa, estás en un carril de piscina tapado como un túnel, sientes más el contacto con el agua y solo ves una luz blanca acompañada de los muchos tonos que se van adaptando de acuerdo a tus necesidades, encendiendo un color u otro para equilibrar tus componentes químicos.
Entro a la piscina de un salto, directo a nadar en estilo libre, calentando mi cuerpo, escucho el agua golpear y veo que todo adopta un color naranja, este color es símbolo de la energía femenina, de la creación, ayuda a eliminar residuos de bloqueos mentales o físicos, después aparecen centellas amarillas, el color del intelecto, estimula el cerebro y el sistema nervioso. Estos colores predominan tanto que el túnel parece que se estuviera incendiando. Empiezo a sentirme más vital y a cambiar de estilos, voy de espaldas y regreso con mariposa.
Inunda un azul que se torna violeta, continúo dejándome llevar, creando mi rutina al momento, pasando por otros colores. Esta terapia es sanadora porque no pienso mucho, actúo, dejo de pensar, braceo, dejo de pensar, pateo, dejo de pensar. Inunda una luz verde, equilibro, armonía regeneración celular.
Al llegar a los 40 minutos los colores empiezan a despedirte, a enviarte de regreso a la luz natural, esos 20 minutos que faltan para completar la hora son más tenues, poco a poco todo se va tornando blanco, nado más lento, me detengo, estiro mis piernas y brazos, terminando la sesión.
Salgo regenerada, con ganas de sentir los rayos del sol en el cuerpo. Bebo el zumo centrifugado con carbono, es muy agradable, kiwi, naranja, moras, fresas casi como ingerir colores para quedar en sintonía. Hay un parque a una media hora a pie. En el camino me pongo un auricular y voy browseando música con Hugo. Me gusta descubrir nuevas piezas mientras camino y mi i-bot es un experto.
Elijo un espacio verde y me siento en el pasto, hay gente en el parque para ser casi las cuatro de la tarde de un lunes, las hay de todas las edades y géneros. Hacen cosas distintas, las veo en burbujas pero esta vez muchas comparten, es agradable ver eso, que se pueden integrar. Creo que tenemos la habilidad de expandir nuestro ser a otros, ya sea que lo veamos a través del simple hecho de compartir la burbuja o como la extensión de nuestra mente más allá de la materia.
De repente, siento que puedo mimetizarme con las personas que veo, de alguna forma puedo percibir algo de lo que ellas prueban, a través de sus movimientos, palabras, miradas, y más profundo. Me quedo ahí, danzando con el inconsciente colectivo.
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Muy bien, me gusta… agua y color
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