Soy Dios, creo.
Una sociedad diferente, un lugar iluminado, artificioso y brillante.
Me desperté por costumbre a las 7:35am, calor insoportable. Todavía con los ojos cerrados – ¿Hugo? – Si, señorita- responde una voz idéntica a los anuncios de Hollywood. – Aire por favor.- El aire acondicionado se encendió, una pequeña máquina de la cual apenas se percibía el rumor, enfrió el cuarto en un santiamén.
Tomé mi celular en mano, primera acción del día como todos los días, prendí Wi-fi y llegaron las notificaciones con el mismo ritmo de una bolsa de popcorn reventando en el micro-ondas.
Whatsaap, Facebook, Instagram, Twiiter, Snapchat, Linkedin, Gmail, mi cara en todo lado y el estatus de mis sentimientos. Representaciones de una persona, fuerte, aventurera, inteligente, atractiva.
Bajo de la cama, voy al baño, veo en el espejo otra representación, bolsas en los ojos, palidez, pesadez, miedo. – Hugo, café y ducha por favor. – El Nespresso se enciende y prepara un espresso velluto. Apenas lo termino, el agua empieza a correr en la ducha, tibia, a una temperatura perfecta.
Me ducho, el tiempo justo para lavarse y pensar, incluidos tres minutos de espera para que mi mascarilla haga su efecto y me deje el cabello ‘sedoso’.
Pienso mucho en la ducha, se me aclaran las ideas, es como si tuviera otro tipo de ideas, de otro lugar, como si el agua respondiera mis preguntas, es algo sano y revelador.
– Hugo ¿Qué decía Jung respecto al agua?
La voz de película tardó unos segundos y respondió:
«Hay que aprender a conocerse a uno mismo para saber quién se es. Porque, por sorpresa, lo que se encuentra detrás de la puerta es una vasta extensión de incertidumbres sin precedentes, sin derecho ni revés, sin parte superior ni inferior, sin ubicación ni pertenencia, ni bien ni mal. Es el mundo del agua…, donde soy indivisiblemente esto y aquello al mismo tiempo, donde experimento al otro dentro de mí mismo y el otro fuera de mí me experimenta a mí.» Carl Gustav Jung, en el Collected Works vol. 9,1, pág. 22.
Una especie de inconsciente colectivo el agua. Por eso tiene respuestas, porque todo está allí, fluyendo, entremezclándose, conceptos indeterminados que toman forma cuando les prestas atención, incluida la representación de uno mismo.
Salgo, me seco, uso varias cremas para el rostro y el cuerpo, antiaging, anticelulitis, antiestrias. Las mujeres estamos acabadas antes de los treinta.
Me visto, ¿Qué debo ponerme? Me viene en mente esta frase: – “Vístete para el puesto que quieres obtener”. Condicionamiento estúpido pero potentemente establecido en mi cultura, superficialidad camuflada en impresiones, es más fácil confiar en alguien de buen aspecto que en alguien con uno malo. Siempre juzgaremos todo, como si hubiéramos nacido para ello.
¿Qué adonde debo ir? A la mierda.
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